Algunos
jovenes de la generación XXXVII del Zaragoza
Togas
y birretes solamente pueden ser asociados con una cosa: graduación.
El 17 de junio fue un día superespecial para los alumnos
de la generación XXXVII del Colegio Ignacio Zaragoza, porque
fue precisamente el de su graduación.
EL INICIO
Muy temprano por la mañana, cada uno de los jóvenes
que forman parte de este grupo, se levantaron para comenzar a
arreglarse con muchísima ilusión y sintiendo algo
muy extraño en el estómago, que se traduce en ansia.
Ya que estuvieron listos, y también toda la familia, claro,
subieron al auto porque la cita fue a las 10:00 horas en el auditorio
del colegio para la entrega de certificados. Todavía afuera
del lugar, había algunos chavos preparándose, arreglando
la corbata, ajustando el birrete para que todo fuera perfecto,
porque la culminación de los estudios de preparatoria no
es todos los días.
LA ENTREGA
En el presidium estuvieron las autoridades del plantel, quienes
hicieron entrega de los papales que demuestran el esfuerzo y la
dedicación de cada uno durante los tres años en
los que quemaron más de una pestaña. Durante esto,
se fueron mencionando los diferentes reconocimientos que recibieron
tales como puntualidad, aprovechamiento, constancia, excelencia
académica, la cruz de oro y finalmente se entregó
el premio San Juan Bautista de La Salle al alumno que fomentó
con mayor ahínco los valores lasallistas, a Carlos Arturo
de León.
Y así cada uno de los estudiantes de los cuatro bloques,
el Humanístico, Económico-Administrativo, Biomédico
y el Físico-Matemático desfilaron con gran alegría,
y no faltó quien derramara alguna lágrima por todas
las experiencias vividas durante su estancia, pequeña o
prolongada, en su querido colegio. Al final, se agradeció
a todos los presentes y se exhortó a cada joven a que siga
adelante y que jamás desista en el camino a seguir para
alcanzar sus metas.
LA FIESTA
Al llegar la noche, se reunieron en el salón principal
de Villa Ferré, donde se realizó la cena-baile en
la que les mostraron un video con todos esos recuerdos especiales
como generación. Después se realizó la entrega
de premios, de manera cómica, entre los que destacaron
los más coquetos, la más guapa,
los monedita de oro, el inteligente y
la pareja ideal.
Justo después de la premiación comenzó el
último baile, no se asusten, sino que fue el último
baile donde estuvieron todos juntos, como alumnos del Zaragoza,
aunque siempre llevarán en su corazón el ser parte
de la familia lasallista.