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Sandra Jiménez
Loza (16 años).
Hace unos meses, un buen amigo, Carlos Tomasini, me dijo que me
había propuesto como Portadora de la Antorcha Olímpica.
Inmediatamente mi mamá, quien busca siempre apoyarme en
todo, se dio a la tarea de dar a conocer la noticia y promover
la propuesta.
En abril recibí un e-mail de parte de los patrocinadores,
en el que me decían que era preseleccionada, y poco después
llegaron las cartas de los directivos de Samsung en México
y Corea anunciando mi nombramiento. En ese momento empezó
la gran emoción: ¡¡¡YO, UNA PORTADORA
DE LA ANTORCHA OLÍMPICA!!!
¡¡Era algo increíble!! Cientoveinte personas
portaríamos la Antorcha en su recorrido por la Ciudad de
México y yo había sido elegida para ser una de ellas.
Qué orgullo y qué compromiso formar parte de un
grupo que representaría a más de 100 millones de
personas que forman nuestro gran país y ser uno de los
11 mil portadores para el relevo de la Antorcha Olímpica
Atenas 2004 que llevaríamos el fuego alrededor del mundo...
¡por primera vez!
Era como un sueño, yo que lucho por un mundo mejor, por
un mundo sin guerras, sin violencia, por un mundo donde se respeten
las diferencias de raza, de religión, de condición,
que nos hacen únicos e irrepetibles, podría representar
los valores olímpicos siendo portadora de la Antorcha:
el juego limpio, la amistad, la unión entre los países.
Sería parte de un gran mensaje de paz y armonía
en el mundo, que recorrería 34 ciudades y 27 países
diferentes.
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Y LLEGÓ EL MOMENTO ESPERADO
La noche anterior me dieron el uniforme y algunas indicaciones,
pero todavía no sabía cuál sería mi
recorrido: al principio me dijeron que en la mañana, después,
que sería de las últimas, y finalmente, inicié
mi recorrido en Presidente Mazaryk y Spencer, frente al edificio
que alberga las oficinas de la ONU en México. ¿coincidencia?
15 DE JUNIO, DÍA INOLVIDABLE
Debido a que mi recorrido iniciaría a las 3 de la tarde,
tuve tiempo de visitar algunos puntos de encuentro y compartir
la emoción con otros portadores. Me llevaron después
al Museo de Antropología para recibir las últimas
instrucciones y conocer a Thomas, reportero de Eurosport que viaja
con el Fuego Olímpico alrededor del mundo, quien me haría
una entrevista.
De ahí, al punto de partida. Durante la espera pude compartir
con familiares y amigos y darme cuenta del entusiasmo y el cariño
de la gente hacia el Fuego Olímpico, quienes, con su presencia,
formaron parte importante de la celebración del espíritu
olímpico, de la construcción de puentes entre
todas las naciones del mundo.
Me entregaron la antorcha y llegó mi relevo...Es una emoción
difícil de describir, no pude contenerme y se me salieron
las lágrimas, pensaba en cada una de las personas que me
han apoyado, que han creído en mí, y que de alguna
manera gracias a ellas estaba yo en ese lugar a esa hora, y todas
ellas junto conmigo... Pensaba en la gran oportunidad que se me
había presentado de ser parte de un verdadero mensaje de
paz y unión en el mundo, a través de una flama,
a través de un símbolo único y mundial.
El fuego olímpico está ahora en otro país,
siguiendo su ruta, y yo espero que toda la emoción que
vivimos con su visita a la Ciudad de México continúe
siempre, que el mensaje de paz y unión que representa,
deje huella en cada uno de los corazones de los habitantes del
mundo, sobre todo ahora, que las noticias de todos los días
hablan de guerras, de incremento en la inversión en armamento,
de intolerancia y poca prudencia entre políticos...
Gracias a la gente que cree en mí y me apoya, a mi familia,
a mis amigos, a la vida, a Dios... Gracias por haberme dado el
gran honor de portar el fuego olímpico...
El haber participado en la gran fiesta olímpica fue una
oportunidad extraordinaria, un homenaje a todas las personas que
trabajan y luchan por el mundo mejor que todos queremos.
www.mexicounido.org.mx
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